Lo que durante años pareció una idea sacada de la ciencia ficción ya es una realidad. Un equipo de investigadores de la empresa australiana Cortical Labs logró que neuronas humanas cultivadas en laboratorio aprendieran a interactuar con Doom, el legendario videojuego de disparos que revolucionó la industria en los años 90.
El experimento utilizó aproximadamente 200 mil neuronas humanas cultivadas sobre un chip de silicio. Estas células recibían información del videojuego convertida en señales eléctricas y respondían generando acciones dentro del juego, como moverse, girar y disparar.
Aunque al principio su desempeño era muy básico, comparable al de una persona que nunca había jugado un videojuego, las neuronas comenzaron a mejorar con el tiempo. Los investigadores observaron que inicialmente chocaban contra paredes o disparaban en direcciones aleatorias, pero gradualmente aprendieron a identificar enemigos y reaccionar con mayor precisión.
Este avance es una evolución de un experimento previo realizado en 2022, cuando cultivos neuronales similares aprendieron a jugar Pong, uno de los videojuegos más simples de la historia. Sin embargo, pasar de Pong a Doom representa un salto enorme debido a los escenarios tridimensionales, la exploración del entorno y la necesidad de responder a múltiples estímulos simultáneamente.
La tecnología detrás del proyecto forma parte de un nuevo campo conocido como computación biológica. En lugar de depender exclusivamente de procesadores tradicionales, estos sistemas combinan tejido neuronal vivo con hardware electrónico para estudiar nuevas formas de aprendizaje y procesamiento de información.
Según Cortical Labs, el objetivo no es crear jugadores de videojuegos, sino desarrollar plataformas capaces de acelerar investigaciones médicas, estudiar enfermedades neurológicas y explorar sistemas de inteligencia artificial inspirados en el funcionamiento del cerebro humano. Además, estos sistemas podrían consumir mucha menos energía que los centros de datos utilizados actualmente para entrenar modelos de IA.
A pesar del entusiasmo, los investigadores aclaran que estas neuronas no poseen conciencia ni comprensión del videojuego. Lo que demuestran es una capacidad básica de adaptación y aprendizaje frente a estímulos, un comportamiento que podría abrir nuevas puertas en la convergencia entre biología y tecnología.
El experimento también revive una de las bromas más famosas del mundo tecnológico: la pregunta de si algo “puede ejecutar Doom”. En esta ocasión, la respuesta es sí, y sorprendentemente la tecnología detrás del logro está formada por células cerebrales humanas vivas.



