En un impresionante cruce entre entretenimiento y ciencia, alrededor de 4.5 millones de jugadores de todo el mundo han trascendido la frontera entre jugar y contribuir a la ciencia médica, gracias al videojuego Borderlands 3. Este juego no solo proporciona diversión, sino que también ha servido como una herramienta eficaz para reconstruir las historias evolutivas y genéticas de microbios, superando incluso a la inteligencia artificial en eficacia.
A pesar de las críticas que suelen recibir los videojuegos, etiquetados a menudo como distracciones o adicciones, estos han demostrado ser una plataforma valiosa para el avance científico. En este caso, el juego de ciencia ciudadana (CSG) incorporado en Borderlands 3 ha permitido a los jugadores contribuir directamente al avance del conocimiento médico y al desarrollo potencial de nuevos medicamentos.
Este enfoque se ha explorado desde 2008, comenzando con el juego Foldit, que permitió a los usuarios colaborar en la predicción de estructuras de proteínas. Desde entonces, los CSG han evolucionado para abarcar áreas como la genómica comparada y la física cuántica, apuntando a una diversidad de desafíos científicos.
Los videojuegos ofrecen una plataforma masiva con aproximadamente 3000 millones de jugadores en línea globalmente, brindando una oportunidad única para educar y atraer a las generaciones jóvenes en conceptos científicos complejos a través de la gamificación. Estos juegos están diseñados para enganchar a los jugadores en tareas científicas reales, manteniendo al mismo tiempo un elemento de entretenimiento que es esencial para captar y mantener el interés del público.
En el caso específico de Borderlands Science dentro de Borderlands 3, los jugadores trabajaron en un minijuego que implicaba la organización de secuencias de ADN microbiano. Esta tarea, que se asemeja a juegos populares como Tetris o Candy Crush en su mecánica, ha resultado en una recolección de datos sin precedentes, ofreciendo insights cruciales sobre el microbioma humano.
La colaboración entre la Universidad McGill, Gearbox Entertainment Company y Massively Multiplayer Online Science, junto con la Iniciativa Microsetta en la Universidad de California, ha sido fundamental para este éxito. Los resultados no solo han mejorado los algoritmos existentes sino que también han establecido bases para futuras herramientas de inteligencia artificial, demostrando una sinergia única entre el mundo de los videojuegos y la investigación científica.
Este proyecto resalta la capacidad de los humanos para resolver puzzles complejos de manera más efectiva que los actuales programas de inteligencia artificial, y plantea una visión prometedora de cómo el vasto recurso de tiempo y habilidad cognitiva invertido en videojuegos puede ser canalizado hacia la resolución de problemas científicos reales y significativos.




