El éxito en taquilla de Una película de Minecraft debería ser motivo de celebración: llena salas, mantiene vivas las proyecciones en cines y conecta con nuevas generaciones que, por fin, encuentran historias pensadas para ellas. Pero si apartamos por un momento el entusiasmo generalizado, queda una realidad incómoda: estamos ante otra adaptación de videojuego que contradice todo lo que hace especial a su material original.
De la libertad absoluta al guion limitado
El atractivo de Minecraft siempre ha sido su propuesta de libertad: un mundo abierto donde la creatividad no tiene fronteras. Sin embargo, al convertir esa experiencia en una narrativa cinematográfica, se pierde por completo ese espíritu. Lo que debería ser una explosión de imaginación se convierte en una colección de referencias visuales, una estética cuadriculada que imita al juego pero sin alma, y un guion repleto de lugares comunes y bromas pensadas para hacerse virales más que para construir una historia.
El resultado es una película que parece más un producto para reconocer guiños que una obra con identidad propia. Y eso, para quienes amamos tanto el cine como los videojuegos, resulta decepcionante.
Hollywood y sus malas lecciones
No es la primera vez que Hollywood toma la decisión menos creativa posible al adaptar un fenómeno cultural. Lo vimos con Sonic, cuyo rediseño fue producto del miedo al rechazo de los fans. Lo vemos hoy con Minecraft y lo veremos mañana con Fortnite o cualquier otra IP con potencial comercial. En lugar de explorar narrativas nuevas, el objetivo parece ser solo replicar lo que ya es familiar para el público, evitando cualquier desviación que pueda incomodarlo.
La industria invierte demasiado dinero en estas producciones como para arriesgarse, y por eso opta por fórmulas seguras. El problema es que, en esa búsqueda de complacer a todos, se elimina todo rastro de intención artística. Siete guionistas acreditados para Una película de Minecraft y apenas se percibe una historia concreta o personajes memorables. Solo están Jack Black y Jason Momoa lanzando chistes diseñados para convertirse en memes.
¿Está mal que existan? No. ¿Podrían ser mejores? Absolutamente.
Nadie niega que estas películas puedan ser divertidas o incluso importantes para mantener viva una industria golpeada por la pandemia y la crisis del streaming. Pero eso no debería ser excusa para que se conformen con ser solo fan service. Si se parte de videojuegos que celebran la creatividad, ¿por qué sus adaptaciones se sienten tan limitadas?
Al final, Una película de Minecraft es una oportunidad perdida. Y mientras el público celebre más el envoltorio que el contenido, seguiremos viendo adaptaciones que brillan por su falta de ambición, aunque llenen salas. Quienes disfrutan del cine y los videojuegos merecen algo más.



