El terror analógico representa una de las tendencias más inquietantes que está conquistando los videojuegos, inspirado en el “found footage” y la estética VHS de los años 60‑90. Este subgénero se caracteriza por:
Gráficos de baja fidelidad y distorsiones visuales, simulando metraje antiguo.
Mensajes crípticos, símbolos inquietantes y una atmósfera cargada de misterio.
Son entornos “casuales” que derivan hacia lo sobrenatural, generando tensión con efectos mínimos descriptivos.
Este estilo, popularizado por series como Local 58 y The Mandela Catalogue, se traslada al gaming con propuestas que emulan grabaciones caseras o cintas de CCTV, con elementos visuales de VHS.
Subgéneros Emergentes
Además del terror analógico, surgen variantes como el terror de anomalías, donde el juego cambia de forma inesperada:
I’m on Observation Duty o The Exit 8: identificar objetos que se mueven, anuncios que cambian, luces que parpadean.
Otro camino es el body horror, inspirado en la ansiedad post‑pandemia, con mutaciones o cuerpos deformes como núcleo del miedo.
Por qué está resonando ahora
Nostalgia y estética retro: evoca a viejas cámaras VHS con un enfoque más psicológico que visual.
Ambigüedad como arma: el miedo se genera con lo que no se ve o no se entiende, mucho más perturbador que efectos explícitos.
Indie y viralidad: estudios pequeños explotan la experiencia atmosférica sin grandes presupuestos, y plataformas como YouTube refuerzan su alcance.
Titulares ilustrativos
Paranormal Tales (2025): narrativa tipo “body cam”, metraje escondido, estilo Projecto Bruja de Blair.
Títulos populares indie como Psalm 5:9‑13, Captured o Ten Bells ofrecen experiencias intensas en pocos minutos.
El terror analógico y sus variantes están viviendo un renacimiento en los videojuegos: un género que, con recursos modestos pero diseño ingenioso, logra momentos de gran tensión aprovechando la nostalgia, la ambigüedad y una estética retro que cala hondo en el espectador y jugador.



