El futuro de la próxima generación de consolas de Sony podría no llegar tan pronto como muchos esperan. La compañía japonesa enfrenta un importante desafío relacionado con la escasez global de memoria RAM, una situación que podría retrasar el lanzamiento de la PlayStation 6 hasta finales de la década.
El principal problema radica en la creciente demanda de chips DRAM, un componente esencial para el funcionamiento de consolas, computadoras y prácticamente cualquier dispositivo moderno. Esta escasez ha sido impulsada en gran medida por el auge de la inteligencia artificial, ya que gigantes tecnológicos están adquiriendo enormes cantidades de memoria para alimentar sus centros de datos y sistemas de procesamiento avanzados. Como resultado, el precio de algunos tipos de RAM ha aumentado hasta un 75% en un corto periodo, afectando directamente los costos de fabricación de hardware.
Este contexto ha obligado a Sony a replantear su calendario tradicional de lanzamientos. Históricamente, la compañía introduce una nueva consola cada siete u ocho años, pero el aumento en los costos y la limitada disponibilidad de memoria podrían empujar el debut de la PS6 hasta 2028 o incluso 2029, rompiendo el ciclo habitual de renovación de hardware.
El dilema es claro: lanzar la consola en el plazo previsto, asumiendo mayores costos y posibles limitaciones de producción, o esperar a que el mercado se estabilice, garantizando un lanzamiento más sólido y rentable. Esta decisión no solo impactaría el hardware, sino también a desarrolladores, estrategias de marketing y acuerdos comerciales dentro del ecosistema PlayStation.
Mientras tanto, Sony también está enfocada en asegurar el suministro de memoria para la generación actual. La compañía ha iniciado negociaciones con proveedores para garantizar la producción continua de la PlayStation 5, especialmente ante el lanzamiento de grandes títulos que podrían impulsar nuevamente la demanda de consolas.
La situación refleja un cambio estructural en la industria tecnológica, donde la inteligencia artificial está redefiniendo la disponibilidad de componentes clave. Esto podría marcar el inicio de ciclos más largos entre generaciones de consolas, alterando el ritmo tradicional al que los jugadores están acostumbrados.



