A principios de año, Rusia anunció su ambición de competir contra gigantes como PlayStation, Xbox y Nintendo con el desarrollo de dos consolas nacionales. Sin embargo, estas propuestas no han logrado captar la atención del público. ¿La razón? Una de las consolas utiliza hardware limitado, mientras que la otra es una plataforma de 40 euros basada en juegos en la nube, ambas muy lejos de la tecnología de las consolas actuales.
De acuerdo con TechSpot, una de las consolas funcionará con el procesador Eibrus, diseñado originalmente para aplicaciones gubernamentales, y la otra usará un sistema operativo ruso. Esto limita de manera significativa sus capacidades en comparación con los potentes procesadores de Intel, AMD o ARM. Incluso el gobierno ruso ha reconocido que estos sistemas no estarán al nivel de una PS5 o una Xbox Series. Anton Gorelkin, vicepresidente del Comité de Política de Información de la Duma Estatal, señaló que aunque no pueden competir directamente, es crucial explorar alternativas innovadoras para apoyar la industria local.
Más que jugar, buscan promover su industria
El verdadero objetivo de estas consolas no es desafiar a las grandes marcas en términos de rendimiento, sino fomentar la industria de videojuegos local. Un ejemplo es la consola de la firma de telecomunicaciones MTS, que utiliza la plataforma de juegos en la nube Fog Play, permitiendo alquilar el poder computacional de equipos más potentes. Este sistema incluirá un mando similar al de Xbox, pero su precio accesible de 40 euros no parece suficiente para atraer a jugadores que prefieren consolas de última generación.
El propio Vladimir Putin enfatizó en marzo la importancia de impulsar el desarrollo de sistemas operativos nacionales y plataformas de juegos en la nube. Sin embargo, la apuesta por el procesador Eibrus ha resultado ser un obstáculo crítico. Su falta de rendimiento limita el atractivo de estas consolas tanto para jugadores casuales como para entusiastas.
A casi un año de su anuncio, las consolas rusas han generado más curiosidad que interés real, dejando claro que competir en el mercado global de videojuegos requiere mucho más que buenas intenciones.



