Un profesor ha generado debate al explicar por qué muchos niños con TDAH pueden pasar horas jugando videojuegos, pero apenas logran concentrarse unos minutos en tareas escolares.
La clave, según el docente José Mencía, está en cómo funciona el cerebro en este trastorno. El TDAH afecta a las funciones ejecutivas, es decir, las capacidades que permiten organizar, planificar y mantener la atención en actividades poco estimulantes.
En este contexto, los videojuegos ofrecen algo que los deberes no: recompensa inmediata. Proporcionan estímulos constantes, objetivos claros y retroalimentación instantánea, lo que activa la dopamina, el neurotransmisor asociado al placer y la motivación.
Por el contrario, las tareas escolares suelen requerir esfuerzo sostenido sin una recompensa inmediata, lo que dificulta la concentración en niños con TDAH. Esto no significa falta de interés o disciplina, sino una diferencia en cómo responden a los estímulos.
De hecho, expertos señalan que las personas con TDAH pueden experimentar “hiperfoco”, es decir, una atención intensa cuando una actividad les resulta especialmente motivadora o gratificante.
El profesor concluye que entender este comportamiento es clave para adaptar la enseñanza y ayudar a estos niños a mejorar su rendimiento, en lugar de interpretarlo como desinterés o pereza.



