En el vasto universo de los videojuegos, mencionar títulos como “Skull Island: The Rise of Kong”, “The Lord of the Rings: Gollum” o “The Walking Dead Destinies” puede despertar la nostalgia de una era dorada. No obstante, la realidad es que, en la actualidad, la industria nos bombardea con una ingente cantidad de lanzamientos anuales, donde los juegos mediocres son tan abundantes como los sobresalientes. Esta diversidad en la calidad de los juegos no es algo nuevo, y uno de los ejemplos más notorios de calidad cuestionable lo encontramos en la época de la NES, particularmente tras el desplome del mercado en 1983. En este contexto, muchas compañías, especialmente de juguetes, se lanzaron al ruedo de los videojuegos sin la preparación necesaria, a diferencia de veteranos como Nintendo. Entre estas, LJN Toys se destaca por las razones equivocadas.
Fundada en 1970, LJN Toys inició su andar en el mundo de los juguetes, produciendo líneas basadas en franquicias populares como E.T., Indiana Jones, Gremlins, y destacándose con figuras de la lucha libre americana y de la serie animada ‘Thundercats’. Sin embargo, su incursión en el ámbito de los videojuegos durante los 80 marcaría su legado de manera negativa.
A pesar de obtener licencias de películas y series populares como The Karate Kid, Friday the 13th, Back to the Future, Nightmare on Elm Street o X-Men, LJN no logró traducir el éxito de estas franquicias a la experiencia de juego, resultando en algunos de los títulos más decepcionantes de la década. Aunque intentaron innovar con mecánicas distintas en cada juego, la falta de refinamiento y calidad era evidente.

Por ejemplo, en “The Karate Kid”, el juego intentaba mezclar plataformas de acción con un torneo de karate, pero se veía limitado por la tecnología de la época y una ejecución deficiente. Similarmente, el juego de “Jaws” fallaba en capturar la esencia del filme, reduciendo la experiencia a una suerte de Modo Horda sin exploración submarina real.

Incluso intentos más ambiciosos como “Friday the 13th”, que en algunos aspectos se adelantaba a su tiempo, se veían empañados por una dificultad excesiva y decisiones de diseño cuestionables. El principal problema de LJN Toys era su enfoque en la cantidad sobre la calidad, saturando el mercado con productos mediocres.
Curiosamente, no fue su fallida carrera en el mundo de los videojuegos lo que llevó a LJN Toys a su fin, sino un juguete de disparo de pintura defectuoso. Vendida a Acclaim en 1990, la empresa finalmente desapareció en 1995, dejando tras de sí un legado de juegos que muchos prefieren olvidar.




