El reconocido economista Peter Schiff ha desatado un debate al cuestionar que las stablecoins —criptomonedas diseñadas para mantener paridad con el dólar— fortalezcan la posición internacional de la moneda estadounidense. Schiff afirma que estos activos digitales no están diseñados para respaldar el dominio del dólar, sino que su uso se limita esencialmente al trading dentro del ecosistema cripto.
En su reciente intervención en X, Schiff advirtió que el creciente déficit fiscal de EE.UU. y una inflación persistente reducirán el atractivo de las stablecoins no remuneradas vinculadas al dólar. Según él, mantener estos tokens será menos rentable que optar por alternativas que ofrezcan retorno.
El economista se muestra escéptico respecto a la narrativa oficial, que considera las stablecoins como un pilar para afianzar el dólar en la economía digital global. En contraste, Schiff ve su principal aplicación en funciones como pares de intercambio en criptoesferas, más que en pagos transfronterizos verdaderamente funcionales .
No obstante, rivales ideológicos como Frederick Frost responden que en países con fuertes episodios de inflación, las stablecoins como USDT han permitido a la población conservar su poder adquisitivo, al reemplazar monedas locales devaluadas.
Detrás de este enfrentamiento subyacen tensiones reales. Mientras Schiff plantea un enfoque práctico centrado en el retorno y la estabilidad económica, otros actores —como quienes diseñaron la ley GENIUS recientemente aprobada en el Senado estadounidense— visualizan un mercado de stablecoins valorizado en billones de dólares, impulsor de demanda de bonos del Tesoro.
El mundo analiza con atención este choque de perspectivas. Por un lado, economistas que exigen activos digitales más rentables, por otro, reguladores apostando por el peso del dólar como ancla global. El futuro de las stablecoins se está escribiendo en esta pugna, entre la teoría económica y la aplicación práctica en un sistema financiero en transformación.



