La música en los videojuegos sigue demostrando su poder para emocionar, envolver, y definir experiencias. Según un reciente recuento de ÍNDIGO Geek, estas son algunas de las canciones que destacan este año por su calidad, creatividad y la forma en que acompañan el gameplay.
Canciones destacadas de 2025
Algunas de las piezas más celebradas fueron:
Bananza de Cebra (de Donkey Kong Bananza) — Un tema curioso y alegre, inspirado en música brasileña y guitarra española, que se volvió favorito por su originalidad.
Lost Lace (de Hollow Knight: Silksong) — Composición emotiva principalmente con cuerdas; resalta por su profundidad emocional, ideal para momentos intensos del juego.
Rey Dau (de Monster Hunter Wilds) — Un tema poderoso con influencias árabes y sonidos que evocan tormentas eléctricas, perfecto para representar la majestuosidad del monstruo que lo acompaña.
Lumière (de Clair Obscur: Expedition 33) — Una pieza conmovedora con cuerdas, piano y voz que ha ganado popularidad masiva más allá del juego.
Benjy (de South of Midnight) — Sobresale por su tono nostálgico y emocional, con una atmósfera sonora profunda que muchos jugadores reconocen como uno de los momentos memorables del año.
Zygarde 100% (de Leyendas Pokémon: Z-A) — Un arreglo épico del tema original, ideal para un momento de clímax dentro del juego.
The Way of the Shamisen (de Ghost of Yotei) — Mezcla de música tradicional japonesa con toques del oeste; muy apreciada por su estilo único.
Dry Bones Burnout (de Mario Kart World) — Un estilo vibrante con influencias latinas, salsa y toques de culturas mexicanas; destaca por su energía.
Sightless Shepherd (de Hades II) — Música con mezcla de estilos (metal, jazz, house) que acompaña perfectamente la intensidad del juego.
¿Por qué importan estas canciones?
Muestran la diversidad sonora de los videojuegos hoy: desde tonos melancólicos y épicos hasta ritmos alegres o exóticos.
Se ha comprobado que una buena banda sonora puede intensificar la inmersión, la emoción y la conexión del jugador con la historia o la jugabilidad.
Algunos de estos temas trascienden el videojuego: se convierten en playlists populares, objetos de nostalgia o muestras del valor artístico del medio.



