En un giro sorprendente, Disney decidió poner fin a uno de sus juegos más lucrativos, Club Penguin, a pesar de generar unos impresionantes 30 millones de dólares al año. ¿Qué llevó a esta decisión? La historia revela una serie de malas decisiones empresariales y maniobras internas poco éticas.

Club Penguin, el MMO de pingüinos que cautivó a millones, había alcanzado un éxito fenomenal bajo la tutela de Disney desde su adquisición en 2007 por una cifra astronómica. Sin embargo, su cierre repentino se atribuye a una visión miope por parte de los directivos de Disney y a una serie de prácticas cuestionables dentro de la empresa.

Chris Heatherly, ex jefe de New Horizons, la compañía detrás de Club Penguin, revela que el juego fue etiquetado como “deficitario” debido a una manipulación contable. Costos de otros proyectos fallidos de Disney se atribuyeron injustamente a Club Penguin, convirtiendo una fuente de ingresos rentable en una pérdida aparente.

Detrás de esta debacle se encuentra una figura central: Isaac ‘Ike’ Perlmutter, expresidente de Marvel Entertainment, quien, según Heatherly, tenía un desprecio abierto por los videojuegos debido a su alta inversión. La estrategia de Perlmutter consistía en reducir los gastos y buscar ganancias a corto plazo, incluso a expensas de proyectos exitosos como Club Penguin.

La desaparición de Club Penguin, junto con otros proyectos relacionados con videojuegos, parece ser parte de una lucha interna dentro de Disney, donde los intereses personales y las visiones anticuadas chocaron con el potencial de crecimiento del mercado de los videojuegos. Esta tragedia revela las consecuencias de poner las ganancias a corto plazo por encima de la innovación y el potencial a largo plazo.