Los videojuegos, considerados por muchos como una forma de arte, merecen ser preservados para la posteridad. Sin embargo, esto se ha vuelto especialmente complicado con la aparición de juegos online y juegos como servicio, que dependen de servidores para funcionar. Cuando esos servidores cierran, los juegos se vuelven inaccesibles, creando un gran desafío para su conservación. Un claro ejemplo de cómo abordar este problema es ‘Spellbreak’, un juego cuya comunidad ha logrado mantenerlo vivo gracias a la posibilidad de alojar sus propios servidores.
El problema de los juegos online
Actualmente, alrededor del 87% de los juegos clásicos, lanzados antes de 2010, son inaccesibles. Con los juegos online, la situación es aún más crítica. Un juego de carreras online, por ejemplo, solo es jugable mientras los servidores estén activos. Cuando la empresa decide cerrar esos servidores, el juego se convierte en algo del pasado, imposible de experimentar nuevamente. Esto ha sucedido con títulos como ‘The Crew’ de Ubisoft y, en otro sentido, con ‘Overwatch’, cuyo lanzamiento de ‘Overwatch 2’ eliminó la posibilidad de jugar al juego original.
En el pasado, preservar un juego de un solo jugador o con multijugador local era tan simple como conservar una copia física y el hardware necesario para jugarlo. Pero hoy en día, la dependencia de servidores y actualizaciones constantes hace que preservar juegos como ‘Battlefield 2042’ sea una tarea monumental.
Juegos como servicio y la desaparición de experiencias
Los juegos como servicio, aquellos que se actualizan constantemente y dependen de la conexión a servidores, son especialmente vulnerables. Si el soporte termina, el juego desaparece, como le sucedió a ‘Spellbreak’, un battle royale con hechizos que, a pesar de su calidad, cerró tras la compra de su desarrollador, Proletariat, por Blizzard en 2022.
Sin embargo, en lugar de aceptar la desaparición del juego, los desarrolladores de ‘Spellbreak’ tomaron una decisión diferente: lanzaron una versión del juego que permite a los jugadores crear y alojar sus propios servidores. Gracias a esta iniciativa, la comunidad ha mantenido el juego vivo, reuniéndose en Discord bajo el nombre de Elemental Fracture, donde más de 5,000 jugadores continúan disfrutando de esta experiencia.
La buena praxis de preservar lo que amamos
El caso de ‘Spellbreak’ no es único. Otros desarrolladores también han dado a los jugadores la oportunidad de mantener sus juegos con vida. Velan Studios, por ejemplo, creó la edición Private Edition de ‘Knockout City’, permitiendo a los usuarios crear servidores privados y seguir disfrutando del juego.
Estas acciones representan una valiosa lección sobre la preservación de los videojuegos online. A través de la colaboración entre desarrolladores y comunidades, es posible desafiar la obsolescencia y garantizar que los videojuegos puedan ser experimentados y estudiados incluso después de que sus servidores oficiales hayan cerrado. En un mundo donde los videojuegos son mucho más que simple entretenimiento, estas prácticas no solo son necesarias, sino esenciales para la conservación de un arte que evoluciona con cada partida.



