Cada vez que cubro eventos de videojuegos, ya sea un State of Play o los anuncios del Tokyo Game Show, me invade una sensación de nostalgia. Aunque estos eventos son ahora parte de mi trabajo y suelen ser agotadores, me traen recuerdos de una época diferente, más emocionante. Recuerdo cuando compraba snacks, bebidas energéticas y me conectaba a Discord con amigos para seguir juntos los anuncios del E3 en vivo. Eran buenos tiempos.
Hoy en día, el E3 parece algo del pasado, y las presentaciones de videojuegos se han deshumanizado de manera progresiva. Antes, los estudios subían al escenario frente a una audiencia real, compartiendo su pasión por los proyectos en los que habían trabajado durante meses. Aunque la mayoría de los fans seguíamos los eventos en streaming, la energía de una sala llena de gente aplaudiendo hacía que nos sintiéramos parte de la experiencia.
Sin embargo, las cosas han cambiado. Ahora es común que grandes empresas como Nintendo o PlayStation se salten las citas presenciales, como en la Gamescom. Xbox es de las pocas que aún mantiene ese contacto directo con los fans, aunque también reserva sus grandes anuncios para presentaciones digitales. Es más fácil lanzar un video pregrabado, pero eso sacrifica el vínculo directo con la audiencia.
Hagamos memoria. Aunque no estuve allí, imagina estar presente cuando Keanu Reeves apareció en el E3 de 2019 para presentar su personaje en Cyberpunk 2077. Ese momento no habría tenido el mismo impacto si simplemente hubieran lanzado un video. La ovación del público, el icónico “You are breathtaking”, todo eso le dio vida al evento. Lo mismo ocurrió en el E3 de 2016, cuando Santa Monica Studios reveló God of War. El aplauso masivo del público y la jugabilidad en vivo presentada por Corey Balrog hicieron que el momento fuera inolvidable. Lamentablemente, este tipo de experiencias se han vuelto cada vez más escasas.
Ahora, cada compañía tiene su propio evento, y hay una sobrecarga de presentaciones a lo largo del año: State of Play, Xbox Showcase, Nintendo Direct, Gamescom, Tokyo Game Show, The Game Awards… Es demasiado. Las desarrolladoras se sienten presionadas a mostrar novedades continuamente, lo que lleva a situaciones incómodas, como la reciente cancelación de Ubisoft en el Tokyo Game Show. No es de extrañar que, con tantos eventos, muchas veces no haya suficientes novedades significativas.
Quizás sea hora de repensar el enfoque. Un par de grandes eventos al año, cargados de contenido, serían más que suficientes para satisfacer a los fans. Concentrar todos los grandes anuncios en un solo evento daría espacio para profundizar en los juegos a lo largo del resto del año. Ahora, con los tiempos de desarrollo tan largos, es casi imposible mantener el ritmo constante de actualizaciones.
Los Game Awards son quizás uno de los últimos grandes eventos que mantienen esa esencia, aunque el Summer Game Fest ha empezado a dividir los anuncios. Aun así, hay que reconocer el esfuerzo de Geoff Keighley por organizar estos eventos en vivo cada año. Sin embargo, el problema es que las grandes compañías prefieren reservar sus grandes revelaciones para sus propios canales, dejando a estos eventos sin el mismo impacto de antes.
A pesar de todo, todavía hay esperanza. Eventos como los Game Awards han sido el escenario de anuncios importantes, como el tráiler de Elden Ring o el primer vistazo a Final Fantasy VII Rebirth. Quizás aún queda algo de esa magia por recuperar.



