Tradicionalmente, las consolas de videojuegos más antiguas representaban una caída en los ingresos de las empresas, pero Sony y Nintendo han desafiado esa norma. En un mercado donde los consumidores esperan más tiempo para actualizar dispositivos como smartphones y coches, las consolas han seguido una trayectoria similar, manteniéndose relevantes por más años.

El Nintendo Switch, por ejemplo, entra en su octavo año de vida, mientras que el PlayStation 5 de Sony cumple cinco años. Este cambio en el ciclo tradicional ha favorecido especialmente a Sony, que vio sus utilidades incrementarse un 68% en el último trimestre, con un crecimiento tres veces mayor en su segmento de videojuegos. Además, el éxito de su servicio de suscripción para juegos en línea y streaming ha impulsado ingresos con mayores márgenes, dejando atrás el modelo dependiente del hardware.
Nintendo, cuya base de ingresos proviene en más del 90% de hardware y software, también se ha beneficiado de esta tendencia. Uno de los factores clave es que las consolas modernas ofrecen gráficos y rendimiento tan avanzados que los consumidores no ven la necesidad urgente de actualizarlas. Además, los desarrolladores han encontrado rentabilidad al hacer sus juegos compatibles con generaciones anteriores, aprovechando una base de usuarios consolidada.
La temporada navideña será el termómetro definitivo para esta nueva normalidad. Aunque Sony lanzó una versión mejorada del PlayStation 5 con gráficos superiores, la diferencia podría no ser lo suficientemente significativa para incentivar compras masivas. Sin embargo, un crecimiento sostenido en las ventas de consolas y suscripciones digitales podría consolidar este modelo como un nuevo estándar para la industria de los videojuegos.



