La industria de las criptomonedas ha intensificado su participación política, invirtiendo $131 millones en campañas congresionales en EE.UU. durante el último ciclo electoral. Su objetivo: elegir legisladores pro-cripto y cambiar la percepción y regulación del sector en Washington. Los multimillonarios del gremio, incluso, apoyaron la candidatura de Donald Trump, buscando un panorama más favorable para el sector.
Entre sus prioridades está influir en la elección del próximo presidente de la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), reemplazando a Gary Gensler, quien adoptó una postura estricta contra las criptomonedas bajo la administración de Joe Biden. Además, buscan un marco regulatorio que integre a las criptomonedas en el sistema financiero estadounidense.
Un Congreso más amigable con las criptomonedas
Con 274 representantes pro-cripto elegidos en la Cámara y 20 en el Senado, el sector está mejor posicionado que nunca. Este avance marca un cambio radical desde la crisis de FTX hace dos años, cuando la industria enfrentó escrutinio tras el colapso de la plataforma y la condena de su fundador, Sam Bankman-Fried.
Bitcoin, la criptomoneda más grande, alcanzó máximos históricos tras la victoria de Trump, alimentando expectativas de políticas pro-cripto. Según Kristin Smith, directora ejecutiva de la Asociación Blockchain, EE.UU. podría tener pronto “el Congreso más pro-cripto de la historia” y una administración alineada con esta visión.
Trump y su giro hacia las criptomonedas
Aunque alguna vez calificó a Bitcoin como una “estafa”, Trump ahora apoya abiertamente a las criptomonedas, impulsado en parte por intereses familiares y acuerdos comerciales. Durante su campaña, prometió destituir a Gensler y convertir a EE.UU. en la “capital cripto del planeta”.
También lanzó una empresa de criptomonedas, World Liberty Financial, lo que plantea posibles conflictos de interés dada su influencia en la regulación del sector.
Estrategias y aliados en el poder
El gremio cripto busca líderes más favorables en la SEC, como el excomisionado Dan Gallagher, ahora en Robinhood, o Paul Atkins, vinculado a la Token Alliance. También consideran la creación de un “zar de criptomonedas” en la Casa Blanca para coordinar políticas entre agencias gubernamentales.
El apoyo a Trump incluye figuras como Elon Musk, quien invirtió $119 millones en su campaña y fue designado para liderar un nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, en alusión a Dogecoin). Otros donantes clave son los gemelos Winklevoss, que contribuyeron tanto en Bitcoin como en efectivo a comités pro-Trump.
Futuro de la regulación
El sector busca trasladar parte de la supervisión de la SEC a la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos (CFTC), considerada menos estricta. Una propuesta en este sentido ya fue aprobada en la Cámara, aunque no avanzó en el Senado.
Mientras tanto, grupos críticos advierten sobre los riesgos de estas políticas. “La industria está gastando masivamente para influir en políticos a favor de un producto inseguro”, dijo Robert Weissman de Public Citizen.
Sin embargo, el gremio sigue fortaleciendo su presencia política. Fairshake y otros super PAC han reunido $78 millones para las elecciones de 2026, reflejando una estrategia a largo plazo para consolidar su influencia en Washington.
La creciente inversión política del sector cripto no solo apunta a proteger su negocio, sino también a moldear el futuro de la regulación financiera en EE.UU. A medida que la industria gana terreno en el Congreso, la lucha por equilibrar innovación y protección al consumidor será clave en los próximos años.



