La inteligencia artificial (IA) generativa ha entrado con fuerza en el mundo de los videojuegos, pero más allá de los discursos optimistas y los anuncios de grandes corporaciones, su integración está teniendo efectos alarmantes en la industria. A través de un exhaustivo reportaje dividido en tres partes, desmentimos los mitos favorecedores y analizamos cómo esta tecnología está transformando, para mal, la creación de videojuegos.
Microsoft y su modelo IA generativa: Muse
El 19 de febrero, Microsoft y Phil Spencer anunciaron con entusiasmo Muse, un modelo de IA generativa capaz de crear escenarios de gameplay. Según la compañía, Muse es un avance en la ideación de videojuegos y no tiene la intención de reemplazar la creatividad humana. Aclararon que su IA no se alimentaba de trabajo robado, sino de datos de jugadores de Bleeding Edge, un juego de Ninja Theory que fue abandonado pocos meses después de su lanzamiento.
Sin embargo, las afirmaciones de Microsoft no lograron convencer a muchos expertos. Mike Cook, investigador de IA y diseñador, criticó el modelo en su blog, señalando que la IA no crea gameplay ni ideas originales. En lugar de innovar, se limita a resolver problemas que la propia IA ha introducido en el proceso. Además, en Polygon, se explicó que usar esta IA para probar juegos y ejecutar el código de manera automatizada carece de coherencia y persistencia, elementos fundamentales en el desarrollo de videojuegos.
La defensa de Microsoft de que Muse podría contribuir a la preservación del videojuego también fue puesta en duda. Poco después del anuncio de Muse, se descubrió que la compañía había solicitado una patente para utilizar IA generativa en la creación de narrativas en videojuegos. A esto se sumaba el hecho de que ya en 2023 se estaba integrando IA generativa en los estudios de Xbox para apoyar a sus desarrolladores.
El impacto de la IA generativa en la industria
Microsoft no es el único gigante de los videojuegos invirtiendo grandes recursos en IA generativa. Sin embargo, el contexto de este impulso tecnológico resulta problemático. En septiembre de 2023, Microsoft despidió a 650 empleados de Activision Blizzard y Xbox, parte de una serie de despidos que se repitieron a lo largo del año. A pesar de los esfuerzos por desvincular esta ola de despidos de la implementación de IA generativa, es difícil ignorar las señales. En Activision, por ejemplo, se empezó a utilizar IA generativa para crear skins de personajes en Call of Duty: Modern Warfare 3, un movimiento que no fue comunicado de forma transparente al público.
Además, se reveló que a los artistas 2D de Activision se les estaba exigiendo el uso de IA generativa, lo que afectó su trabajo y motivó la pérdida de empleos. A comienzos de 2024, Treyarch, desarrolladora de Call of Duty, publicó una vacante para un artista 2D y animador en la que se insinuaba que el trabajo implicaría el uso de herramientas de IA generativa. A principios de 2025, Activision hizo un uso aún más polémico de la IA generativa, creando imágenes de videojuegos que no existían en la realidad, con graves errores y fallos evidentes en los gráficos.
La IA generativa y su impacto visual y más allá
Aunque la IA generativa afecta principalmente al aspecto visual de los videojuegos, su impacto no se limita solo a esta área. En 2022, antes de su adquisición por Microsoft, la empresa sueca King compró una compañía de IA que luego integró herramientas como ChatGPT en sus procesos de trabajo. Esto implica que se está incentivando a los empleados a usar IA generativa en la creación de juegos.
El impacto de la IA generativa no solo afecta la calidad visual, sino que también está reconfigurando la industria de manera más profunda. A medida que más empresas apuestan por esta tecnología, se pone en riesgo la creatividad, la autenticidad y la calidad del trabajo humano en los videojuegos.
La integración de la IA generativa en los videojuegos está llevando la industria a una peligrosa pendiente. Lo que se presenta como una solución innovadora podría resultar en la masificación de juegos mediocres, la pérdida de empleos y la deshumanización del proceso creativo. Si bien la IA tiene el potencial de mejorar algunos aspectos del desarrollo de videojuegos, su uso desmedido y sin regulaciones claras podría transformar esta industria en algo mucho menos atractivo y auténtico para los jugadores y creadores por igual.



