La banca en México se prepara para enfrentar un 2026 con menor dinamismo tras varios años de crecimiento récord. Factores como la reducción de las tasas de interés, la incertidumbre económica y la posible revisión del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) están afectando las perspectivas del sector.
Durante los últimos años, especialmente entre 2021 y 2023, los bancos registraron utilidades elevadas impulsadas por tasas de interés altas. Sin embargo, desde 2024 este ritmo ha comenzado a desacelerarse, y en 2025 el crecimiento ya fue más moderado, con un aumento cercano al 5% en ganancias. La menor demanda de crédito, derivada del entorno económico y de la cautela empresarial, ha sido un factor clave en este cambio de tendencia.
Para este año, se espera que el crecimiento del crédito continúe, pero a un ritmo más bajo, posiblemente de un solo dígito. Además, las instituciones financieras podrían adoptar una postura más conservadora al otorgar préstamos, especialmente a pequeñas y medianas empresas y al consumo no garantizado, debido al contexto de incertidumbre.
Uno de los principales riesgos que enfrenta la banca es la renegociación del T-MEC, que podría influir en la inversión y en el comportamiento de los mercados. Las tensiones comerciales con Estados Unidos también añaden presión a las expectativas económicas.
A pesar de este panorama, el sector mantiene el enfoque en ampliar el financiamiento a las pymes, consideradas clave para el crecimiento económico. No obstante, el reto será equilibrar esta meta con la prudencia necesaria ante un entorno global complejo.
En resumen, la banca mexicana entra en una nueva etapa en la que deberá adaptarse a un crecimiento más moderado, con mayor cautela en sus decisiones y con la incertidumbre internacional como uno de sus principales desafíos.



