Un artículo de Animal Político analiza si los videojuegos con contenido violento pueden impactar en la conducta infantil, y concluye que la relación no es directa ni determinante.
El artículo señala que distintos factores —como el entorno familiar, el manejo emocional, la exposición real a violencia y el acompañamiento de padres— tienen un papel mucho más importante en el comportamiento de los menores que los videojuegos por sí solos.
Aunque algunos especialistas reconocen que los videojuegos violentos pueden generar reacciones momentáneas (rabia, frustración, agresión puntual) en niños, esto no equivale a que produzcan conductas agresivas a largo plazo.
Además, se advierte que imponer un impuesto sobre videojuegos violentos —como propone el IEPS del 8 %— tiene efectos limitados, pues los menores podrían adquirirlos de otras formas o recurrir a versiones pirata.
Por ello, la recomendación principal es que los padres regulen el tiempo de uso, seleccionen contenidos adecuados a la edad, y expliquen que lo que ven en pantalla es ficción.



