Un estudio reciente analiza datos del ABCD Study (Estados Unidos) y concluye que niños de entre 9 y 10 años que juegan videojuegos unas tres horas al día mostraron un aumento promedio de 2.5 puntos de coeficiente intelectual respecto a quienes no jugaban. Este avance fue observado al cabo de dos años, teniendo en cuenta variables como genética y nivel socioeconómico.
Los investigadores explican que los juegos podrían mejorar habilidades cognitivas como el control de impulsos, la memoria de trabajo y el razonamiento flexible, reflejado en mayor actividad cerebral en regiones asociadas a atención y memoria en estudios de imagen cerebral.
Aunque la ganancia es modesta, los datos respaldan la hipótesis de que la inteligencia no es fija y puede desarrollarse con ciertos estímulos como los videojuegos. En contraste, ver videos o usar redes sociales no mostró efecto significativo sobre el coeficiente intelectual.
Otros estudios complementarios destacan que ciertos videojuegos, como Marble Madness, mejoran la percepción espacial, y que títulos como Minecraft aumentan habilidades de lectura y escritura, especialmente por el compromiso que generan fuera del juego.



