El mundo de los videojuegos nos ha mostrado hazañas increíbles, desde desafíos no-hit hasta speedruns impresionantes, pero algunas proezas van más allá, rozando lo inimaginable. Un claro ejemplo es la icónica maniobra en Battlefield 3, donde un jugador derribó un caza enemigo con un lanzacohetes mientras salía y entraba de su propio avión, movimiento que se volvió tan legendario que apareció en el tráiler de Battlefield 2042.
Sin embargo, este no es el truco más raro en la historia de los shooters. Hace 16 años, Halo 3 nos regaló una de las jugadas más insólitas y sorprendentes jamás vistas en un videojuego. No se trata solo de la dificultad del movimiento, sino de la improbable combinación de eventos que lo hicieron posible, lo que hace casi imposible de replicar.
Durante una partida PVP, un jugador lanzó una granada adhesiva de plasma con una precisión quirúrgica hacia su oponente. Lo que parecía un golpe mortal dio un giro inesperado: justo en el momento en que la granada de plasma iba a adherirse, el jugador objetivo lanzó su propia granada de fragmentación.
“Mi hermano arrojó una granada de plasma por accidente, se pegó a mi mano junto a mi granada de fragmentación, y la devolví. Esto casi nunca sucede”, recordó un testigo del evento.
En ese instante, las físicas de Halo 3 hicieron su magia: la granada de plasma se adhirió a la de fragmentación en pleno aire mientras se realizaba la animación de lanzamiento, devolviendo ambas granadas al lanzador original. La comunidad quedó atónita al presenciar este fenómeno, y muchos intentaron replicarlo sin éxito, ya que no es tan sencillo como pulsar un botón en el momento adecuado.
Esta jugada se convirtió en una leyenda en la comunidad de Halo y sigue siendo uno de esos momentos que definen lo inesperado y maravilloso que puede ser el mundo de los videojuegos.



