En la altiplanicie colombiana, una innovadora iniciativa medioambiental está cambiando la forma de gestionar los residuos sólidos al combinar basura, larvas de escarabajo y criptomonedas. Germán Viasus, un ingeniero ambiental y sanitario, ha encontrado una solución al ineficiente tratamiento de residuos en el departamento de Boyacá, esperando que su modelo sirva de ejemplo global en la lucha contra la contaminación.
Las larvas de escarabajo, alimentándose hasta 16 horas diarias, procesan los residuos orgánicos de miles de habitantes de la región. Durante los primeros cuatro meses de su vida, estas larvas consumen toneladas de cáscaras de huevos, frutas y verduras en descomposición. Viasus, de 53 años, luego vende sus heces como abono natural a los agricultores locales, promoviendo así la sustitución de fertilizantes químicos.
“Los escarabajos tienen la respuesta al manejo de basuras,” afirma Viasus desde Tunja, capital de Boyacá y centro de su innovador negocio. En un país donde se generan 32,000 toneladas diarias de desechos, de las cuales la mitad son orgánicos, esta solución podría ser crucial para la sostenibilidad.
El proyecto ha ganado relevancia internacional, ya que los escarabajos, después de completar su ciclo de vida, son exportados a países como Japón, donde son populares como mascotas. Este comercio se facilita a través de una criptomoneda desarrollada por Viasus, llamada Kmushicoin, creada para sortear las altas comisiones bancarias en transacciones internacionales.
La iniciativa de Viasus no solo ofrece una alternativa al problemático relleno sanitario de Tunja, que recibe basura de 130 municipios, sino que también resuelve el problema de la descomposición de desechos que, sin un manejo adecuado, podría ser perjudicial para la salud pública y el medio ambiente.
Kmushicoin, una criptomoneda que combina “kabutomushi” (escarabajo de cuernos en japonés) con bitcoin, permite transacciones instantáneas y sin comisiones elevadas. Desde su creación en 2019 por el joven Carmelo Campos, la moneda digital se ha ganado la aceptación en ciudades como Tunja, Bogotá y Medellín.
Este innovador proyecto no solo contribuye al medio ambiente, sino que también posiciona a los negocios participantes en la vanguardia tecnológica, con un impacto positivo en el futuro de la gestión de residuos.



