Entiendo perfectamente tu sentimiento; la relación entre el tiempo y la pasión por los videojuegos es algo que cambia enormemente a medida que crecemos. La vida adulta trae consigo muchas más responsabilidades, y el tiempo libre que antes dedicábamos a sumergirnos en mundos virtuales se ve considerablemente reducido.

Lo que describes no es un problema aislado, sino algo que muchos jugadores experimentan a medida que pasan los años. Aunque la nostalgia por los días de maratones de juegos es grande, la realidad es que ahora debemos seleccionar con más cuidado a qué dedicamos nuestro tiempo. Y es que, como mencionas, no solo los videojuegos han cambiado —el mundo también lo ha hecho, y con él nuestras vidas.

Quizás una manera de adaptarte a esta nueva realidad sea balancear los juegos según su duración y el compromiso que requieren. Jugar títulos más cortos o aquellos que ofrecen experiencias satisfactorias en sesiones breves podría ser una forma de seguir disfrutando de tu pasión sin sentir que estás haciendo un sacrificio demasiado grande. También, la selección consciente de “grandes títulos” para momentos en que realmente puedes darte el lujo de sumergirte en ellos puede ayudar a mantener vivo el entusiasmo sin sentirte abrumado por la cantidad de tiempo que requieren.

Además, priorizar títulos que realmente te llamen la atención o que se conecten con tus gustos actuales puede aumentar la calidad de tu tiempo de juego, haciéndolo más gratificante, incluso si es menos frecuente. Y sobre todo, compartir esta experiencia con amigos o familiares puede no solo hacerla más especial, sino también adaptarla mejor a tu vida adulta.

Finalmente, aunque el “mando” que pausa el tiempo no exista, la forma en que decidimos usar nuestro tiempo libre sigue siendo nuestra. Encontrar un equilibrio que te permita disfrutar de los videojuegos sin sacrificar otras áreas importantes de tu vida será clave. Y recuerda, los videojuegos estarán allí cuando encuentres el momento, esperando llevarle a nuevas aventuras, a tu propio ritmo.