La comunidad de jugadores de videojuegos en EE.UU., que asciende a 214 millones de personas, se está convirtiendo en un grupo clave en las elecciones presidenciales, y los políticos lo saben. Esta audiencia masiva representa una oportunidad única para atraer votantes jóvenes, especialmente en un momento en que la digitalización y la cultura pop son fundamentales para moldear opiniones y movilizar a las masas.
Desde las elecciones de 2020, figuras políticas como Alexandria Ocasio-Cortez, Joe Biden y Kamala Harris han comenzado a interactuar con los gamers de forma más activa. Ocasio-Cortez se unió a populares streamers en partidas de Among Us en Twitch para motivar a los jóvenes a votar, mientras que Biden lanzó su campaña en Animal Crossing. En 2024, Kamala Harris ha dado un paso más allá al anunciarse en IGN, uno de los principales portales de videojuegos, con el objetivo de captar a los votantes jóvenes y masculinos.
Por otro lado, el equipo de Donald Trump también se ha movilizado en esta dirección, utilizando a influencers como FaZe Banks y Adin Ross para atraer a la misma audiencia. Los videojuegos, que generan más de 57.200 millones de dólares en EE.UU. y están presentes en tres cuartas partes de los hogares estadounidenses, han trascendido su rol de mero entretenimiento, convirtiéndose en el cruce entre la tecnología, la cultura y la política.
Esta evolución tiene paralelismos con la transformación del ecosistema mediático, en la que la lucha por el contenido y las plataformas digitales redefine la manera de influir en la sociedad. Como en la famosa carrera entre Netflix y HBO, ahora los políticos deben adaptarse rápidamente y llevar sus mensajes al mundo de los videojuegos antes de que esta comunidad, que sigue creciendo, tome las riendas de la agenda política por sí misma. El futuro de la política podría estar en las manos de los gamers, y es fundamental que los aspirantes a la Casa Blanca lo comprendan cuanto antes.



