Durante los años 80 y principios de los 90, Nintendo reinaba sin competencia. La NES y la SNES vendieron casi 50 millones de unidades cada una, aplastando a sus rivales con una fórmula imbatible de innovación, franquicias inolvidables y una sólida base de fans. Mientras tanto, Sega, su mayor contrincante, apenas rozaba los 30 millones con Mega Drive. Todo indicaba que nadie podría quitarle la corona a la Gran N… hasta que ella misma cometió dos errores fatales.
La traición que dio origen a un monstruo
A finales de los años 80, Nintendo firmó una alianza con Sony para desarrollar una nueva versión de su consola que integrara tecnología de CD-ROM. La idea era revolucionaria: una “Nintendo Play Station” que usaría tanto cartuchos como discos.
Sin embargo, en un giro inesperado, Nintendo rompió el acuerdo en el último momento para aliarse con Philips. Este cambio repentino dejó a Sony furiosa, pero lejos de rendirse, la compañía tomó lo aprendido y creó su propia consola: la PlayStation.
El resultado fue histórico. Lanzada en 1994, la PS1 se convirtió en la consola más vendida de su generación, con más de 100 millones de unidades colocadas en todo el mundo, aplastando a sus competidores, incluida Nintendo.
El Virtual Boy: el tropiezo más grande de Nintendo
Como si no fuera suficiente con perder a Sony, Nintendo lanzó en 1995 uno de sus productos más polémicos: el Virtual Boy. Prometido como una experiencia de realidad virtual adelantada a su tiempo, terminó siendo todo lo contrario.
Con un precio de salida de 179.95 dólares (alrededor de 350 actuales), gráficos en rojo y negro, y un diseño incómodo y poco práctico, el Virtual Boy fue un desastre. Vendió menos de 800 mil unidades y rápidamente fue descontinuado. Muchos consideran que este fracaso acabó con la carrera dentro de Nintendo de Gunpei Yokoi, creador de la Game Boy y uno de los mayores genios de la compañía.
Nintendo pierde el trono de las consolas de sobremesa
Tras el descalabro del Virtual Boy, Nintendo se enfocó en su próxima consola: la Nintendo 64. Aunque vendió unos sólidos 33 millones de unidades y nos dejó clásicos como Super Mario 64, Zelda: Ocarina of Time o GoldenEye 007, no pudo competir con el éxito masivo de PlayStation.
Sony, con su potente catálogo y el uso de discos (más baratos de producir que cartuchos), ya había tomado la delantera. Y aunque Nintendo no desapareció, quedó claro que la era de su dominio absoluto había terminado.
El nuevo rol de Nintendo
Mientras tanto, en el terreno portátil, Nintendo encontró su refugio. La Game Boy Color, lanzada en 1998, fue un éxito rotundo. Aunque nunca se separaron oficialmente sus cifras de ventas, junto a la Game Boy original suman más de 118 millones de unidades vendidas. Incluso más que PS1… si las sumamos.
En la sexta generación, con la llegada de la GameCube, Nintendo siguió apostando fuerte, pero la historia se repitió. Con apenas 22 millones de consolas vendidas, la GameCube fue superada por Xbox (24M) y, por supuesto, arrasada por la PS2, que hoy sigue siendo la consola más vendida de la historia con más de 160 millones de unidades.
¿Y si Nintendo no hubiera traicionado a Sony?
Es inevitable preguntarse qué habría pasado si Nintendo hubiese mantenido su alianza con Sony. ¿Habríamos tenido una “Nintendo Play Station”? ¿Habría Sony dominado el mundo del entretenimiento sin entrar al terreno de las consolas? ¿Habría sobrevivido Sega por más tiempo?
Lo cierto es que un par de decisiones erróneas cambiaron por completo el rumbo de la industria. Nintendo dejó de ser la número uno en sobremesa, pero a cambio reinventó su enfoque: apostó por la innovación y el mercado portátil, dando origen a éxitos como la Nintendo DS, la Wii y la Switch.
Hoy, Nintendo no es solo una marca: es sinónimo de creatividad, nostalgia y reinvención. Y aunque la traición a Sony y el Virtual Boy fueron tropiezos enormes, también marcaron el inicio de una nueva era para toda una industria.



