Bitcoin, la criptomoneda pionera, fue introducida hace 15 años con la promesa de reemplazar el dinero tradicional. Sin embargo, su adopción ha sido limitada y, en muchos casos, vinculada a actividades delictivas.
La historia de un emperador que fue engañado por sastres que le prometieron un traje invisible, solo para caminar desnudo, es una metáfora apropiada para entender el papel crucial que la industria de las criptomonedas está desempeñando en la financiación de campañas electorales este año. Aunque Bitcoin aún no ha encontrado un uso legítimo y significativo fuera del ámbito delictivo, la industria de las criptomonedas ha logrado un éxito extraordinario en la comercialización de sus activos. Actualmente, estos activos tienen un valor estimado de 2 billones de dólares.
En el ciclo electoral actual, la industria de las criptomonedas se ha convertido en un actor dominante en la financiación de campañas, representando casi la mitad del gasto corporativo en comités de acción política (PAC). Este gasto no solo es considerable, sino también inusual. Aunque las criptomonedas suelen asociarse con la ideología libertaria y tienen una inclinación partidista hacia los republicanos, los super PAC de criptomonedas no se enfocan exclusivamente en atacar a los demócratas. En cambio, dirigen sus esfuerzos contra políticos que han pedido un mayor escrutinio de la industria, como fue el caso de la representante Katie Porter, quien fue derrotada en las primarias demócratas para senadora por California tras recibir ataques financiados por criptomonedas.
Este enorme gasto político ha captado la atención de los políticos. En 2021, Donald Trump calificó a Bitcoin como una estafa, pero recientemente ha prometido convertir a Estados Unidos en una “superpotencia de Bitcoin”, describiendo a los escépticos como “fascistas de izquierda”. Por su parte, la administración Biden ha tomado medidas modestas hacia la regulación de las criptomonedas, mientras que el senador Chuck Schumer, líder de la mayoría demócrata, ha expresado su apoyo al “futuro de las criptomonedas” y ha buscado el respaldo de actores de la industria para la campaña de Kamala Harris.
El gigantesco gasto político por parte de una industria que, en muchos aspectos, parece destruir más valor del que crea, es sorprendente. Sin embargo, tiene cierta lógica. Al igual que los sastres que estafaron al emperador, los actores de la industria de las criptomonedas deben invertir intensamente en proteger su imagen y su influencia, especialmente cuando la crítica puede revelar que todo el andamiaje sobre el que se sostiene es, en realidad, inexistente.
Si el gobierno decide regular seriamente las criptomonedas, vigilando tanto sus usos ilícitos como sus prácticas de marketing, gran parte del valor de 2 billones de dólares podría simplemente desaparecer. Este intenso gasto político es una demostración de poder que también delata una gran desesperación: una confesión involuntaria de que, en realidad, el emperador está desnudo.



