El gobierno de Estados Unidos impulsa un cambio que podría transformar la forma en que millones de personas ahorran para su jubilación. Una nueva orden ejecutiva busca permitir que los planes 401(k) —uno de los principales vehículos de ahorro en el país— incluyan inversiones en activos alternativos como capital privado, criptomonedas e incluso bienes raíces.
La medida, promovida por el presidente Donald Trump, no se aplicará de inmediato. Primero será necesario que agencias federales reescriban las reglas actuales, un proceso que podría tomar meses o incluso años. Sin embargo, una vez implementada, los empleadores tendrían la opción de ofrecer una mayor variedad de fondos a sus trabajadores, ampliando el abanico de inversión más allá de acciones y bonos tradicionales.
Este cambio responde a la presión de sectores como el capital privado y la industria cripto, que durante años han buscado acceso a los enormes recursos que representan los fondos de retiro en Estados Unidos, valorados en billones de dólares.
Aun así, la propuesta no está exenta de controversia. Las criptomonedas son conocidas por su alta volatilidad, con fluctuaciones diarias que pueden superar el 10%, lo que contrasta con los movimientos más estables de los mercados bursátiles tradicionales. Por ello, en administraciones anteriores se recomendaba tratar estos activos con extrema cautela dentro de los planes de jubilación.
En el caso del capital privado, aunque históricamente ha ofrecido rendimientos superiores a los mercados tradicionales, también implica riesgos importantes, como menor liquidez y periodos de inversión más largos, lo que dificulta retirar el dinero rápidamente.
Expertos del sector señalan que, incluso si se aprueba el nuevo marco regulatorio, pasarán años antes de que estas opciones se vuelvan comunes en los planes 401(k). Las grandes gestoras y empresas de retiro tendrán que desarrollar productos adecuados y evaluar cuidadosamente los riesgos antes de ofrecerlos a los trabajadores.
En resumen, la propuesta marca un giro importante en la política financiera de EE.UU.: busca democratizar el acceso a inversiones más complejas, pero al mismo tiempo introduce nuevos riesgos en el ahorro para la jubilación.



