24 de junio de 2025 – Global – En una columna para Babelia, Jorge Morla sostiene que Death Stranding 2: On the Beach confirma a Hideo Kojima como un visionario narrativo, pero desdeña la innovación jugable que caracterizó la entrega original.
Virtudes heredadas… y deficiencias recicladas
El nuevo título conserva la imaginación, narrativa futurista e impacto audiovisual que definieron a su predecesor, Death Stranding (2019).
Sin embargo, no corrige fallas previas: menús poco usables, tipografía pequeña, división rígida entre escenas y jugabilidad, así como controles engorrosos siguen presentes.
En lugar de evolucionar las mecánicas, Kojima repite el mismo recorrido: caminata cargada, sigilo, combate espiritual y enfrentamientos simbólicos, sin aportar sorpresas.
¿Originalidad sacrificada por familiaridad?
Morla critica la apuesta continuista: “un pecado capital” para un autor consagrado por su ruptura de esquemas.
Aunque su final ofrece una “catarsis narrativa a la altura”, el camino es una relectura de la fórmula anterior, sin justificación para la espera entre generaciones de consolas.
Ajustes en el desarrollo para romper expectativas
Según Rolling Stone, durante pruebas el compositor Woodkid reveló que Kojima detectó que el juego estaba demasiado bien aceptado, y decidió reescribir partes del guion y eventos para hacerlo más divisivo y menos mainstream.
El objetivo: provocar emociones contrastantes en el público, evitando que la obra fuera “predigerida”.
Death Stranding 2 conserva la visión poética y la sensibilidad visual del original, pero falla al ignorar la evolución jugable esperada. Kojima apuesta por la intensidad narrativa y emocional, aunque rompe con parte de la pasión experimental que le dio su prestigio.



