Durante el verano varias empresas optaron por acumular criptomonedas en sus balances con la expectativa de que esos activos seguirían subiendo, pero ese modelo muestra ahora signos claros de agotamiento: en lo que va de 2025 las empresas sumaron alrededor de 37.600 millones de euros en criptoactivos, aunque la demanda institucional ha caído drásticamente (en julio se compraron cerca de 64.000 BTC, en agosto apenas 12.600 y hasta el 25 de septiembre las adquisiciones corporativas totalizaban unos 15.500 BTC, una caída del 76% respecto al pico veraniego). Paralelamente, los precios corrigieron —Bitcoin se alejó cerca de un 12% desde sus máximos de agosto y Ethereum retrocedió alrededor de un 20%—, lo que ha dejado a algunas firmas con capitalizaciones inferiores al valor de las criptos que mantienen en su tesorería; en respuesta varias compañías han recurrido a recompras de acciones para sostener sus cotizaciones. El problema se agrava cuando las compras fueron apalancadas: al financiar adquisiciones con deuda, una caída en los precios reduce la garantía (las propias criptos) y eleva riesgos financieros. En resumen, aunque la tokenización de tesorerías acercó a las empresas a los activos digitales, el entusiasmo por acumular criptos como estrategia única de valoración corporativa se ha enfriado y deja en evidencia la necesidad de modelos de negocio y fundamentos empresariales más diversificados.



