En 2025 se ha vuelto inequívoco que las criptomonedas —una vez consideradas un instrumento financiero alternativo o nicho— ahora son componentes centrales en las actividades del crimen organizado y mercados ilícitos a nivel global, según análisis de InSight Crime incluido en su serie de investigaciones GameChangers 2025.
Cripto ya no es solo cosa de cibercriminales
Lo que antes era principalmente un recurso de grupos especializados en cibercrimen o servicios de lavado de dinero digital, ha evolucionado hacia un uso amplio por parte de redes criminales tradicionales, como organizaciones transnacionales dedicadas a:
Lavado de dinero, convirtiendo ganancias ilícitas en cripto para mover fondos entre países.
Tráfico de drogas y mercados en Dark Web, donde pagos en cripto facilitan el anonimato.
Ransomware y fraudes sofisticados, con grupos criminales internacionales usando cripto para recolectar y ocultar pagos exigidos.
Mercados ilícitos y robo digital de alto valor, integrando cripto para disfrazar el origen y destino de los fondos.
Este fenómeno refleja que las finanzas digitales han dejado de ser marginales en el entorno criminal: ya forman parte del despliegue operacional de grupos organizados de gran escala, reemplazando a métodos tradicionales o complementándolos para burlar controles regulatorios y judiciales.
¿Por qué esta expansión?
La adopción generalizada por el crimen organizado se explica por varias ventajas —y riesgos— asociados a las criptomonedas:
Movilidad transfronteriza: Los activos digitales se pueden transferir rápidamente entre jurisdicciones sin necesidad de sistemas bancarios tradicionales, lo que disminuye la supervisión estatal.
Anonimato y seudonimato: Aunque muchas blockchains son públicas, el uso de direcciones seudónimas, mezcladores (mixers) y monedas de privacidad complica el rastreo de fondos.
Diversificación de herramientas ilícitas: Más allá de Bitcoin, stablecoins y criptos con opciones de privacidad han sido utilizadas para ocultar y procesar fondos ilegales.
Este cambio ha llevado a que las autoridades y agencias de justicia se queden atrás en la adaptación regulatoria y técnica, mientras las estructuras criminales incorporan criptomonedas como parte de su infraestructura financiera normalizada.
Implicaciones para el futuro
Según expertos, la creciente integración de criptomonedas en economías criminales plantea importantes retos:
Rastreo y regulación: La falta de marcos regulatorios efectivos que puedan seguir el ritmo de la innovación digital dificulta que los organismos de control detecten y mitiguen esta actividad ilícita.
Cooperación internacional: La naturaleza global de estas transacciones hace que la coordinación entre países sea esencial para frenar el uso de cripto en crimen organizado.
Evolución del crimen: La convergencia entre tecnologías financieras descentralizadas y métodos tradicionales de crimen organizado indica un panorama donde la innovación criminal supera la capacidad regulatoria actual.



