Los videojuegos se han convertido en una de las herramientas favoritas del crimen organizado para atraer y cooptar a niñas, niños y adolescentes en México. Su acceso masivo y la facilidad para interactuar con desconocidos han hecho de estas plataformas un terreno fértil para la delincuencia.
Según datos de la firma de consultoría Competitive Intelligence Unit, en el tercer trimestre de 2023 había cerca de 68 millones de jugadores en México de seis años o más, un aumento de 1.3 millones respecto a 2022. La gran mayoría de ellos juega diariamente, con sesiones que van desde cinco hasta incluso 15 horas al día.
Uno de los aspectos más alarmantes es que muchos prefieren jugar en la noche. Al ser cuestionados, mencionan razones como mejor conexión a internet, mayor privacidad o la posibilidad de jugar títulos que sus padres no les permitirían. Algunos incluso admiten que lo hacen para hablar con extraños.
Al menos la mitad de los menores encuestados reconocen jugar en línea con desconocidos, justificando que es la única manera de acceder a ciertos modos de juego o porque encuentran en esas interacciones una mayor comprensión que en su entorno cercano.
El crimen organizado ha sabido aprovechar esta vulnerabilidad. De acuerdo con un reportaje de Carlos Loret de Mola, los delincuentes contactan a los menores principalmente en la madrugada, ofreciéndoles dinero, empleo e incluso traslados con la promesa de ingresos seguros. En Oaxaca, la Fiscalía logró rescatar a un niño de 14 años que estaba a punto de ser llevado a Sinaloa tras ser reclutado mediante un videojuego.
Existen testimonios de menores que han visto a sus propios hermanos ser contactados por criminales a través de estas plataformas. El problema no solo radica en la adicción a los videojuegos, la cual ha sido comparada con la adicción a la cocaína, sino en el riesgo latente de que estos espacios se conviertan en puertas de entrada al crimen organizado.
Lo que antes parecía solo una advertencia hoy es una realidad. Estamos ante una emergencia nacional que no puede seguir siendo ignorada.



