Un adolescente británico gastó cerca de 3,800 dólares de sus ahorros universitarios en sobres virtuales del videojuego FIFA, en un caso que ha encendido el debate sobre los riesgos de los micropagos en los videojuegos.
Jonathan Peniket, de 17 años en ese entonces, relató cómo su afición por FIFA lo llevó a una conducta compulsiva, gastando repetidamente en el modo Ultimate Team, que ofrece sobres con recompensas aleatorias mediante pagos con dinero real. Lo que comenzó como una compra ocasional terminó en una espiral de gasto descontrolado, especialmente durante una etapa emocionalmente difícil tras el diagnóstico de cáncer de su madre.
El sistema de loot boxes o “cajas de botín” ha sido criticado por su similitud con los juegos de azar, ya que los usuarios invierten dinero sin garantías sobre el contenido que recibirán. Peniket llegó al punto de esconder tarjetas de descarga en su habitación y vaciar por completo los fondos ahorrados para su educación.
El caso motivó llamados a una mayor regulación. En Reino Unido, el Parlamento ha promovido su clasificación legal como forma de apuestas, y países europeos han iniciado debates similares. Mientras tanto, empresas como EA Sports argumentan que los micropagos son opcionales y que el contenido puede desbloquearse sin gastar dinero.
Sin embargo, para jugadores como Jonathan, la experiencia demostró que, sin regulación, los videojuegos pueden convertirse en una trampa emocional y financiera.



